Las tres noticias falsas más infames sobre la guerra en Siria

La situación humanitaria en Siria ha generado reportes dudosos por parte de algunos medios de comunicación, los cuales usan fuentes parcializadas y generan historias falsas para influir en la opinión pública.

No en vano el portavoz del Ministerio ruso de Defensa, Ígor Konashénkov, señaló que “los informes repetidos sobre la situación siria, que se basan en ‘testimonios’ de supuestos ‘activistas’ locales recogidos de las redes sociales hacen más daño a la reputación de los propios organismos internacionales y los medios que ayudan a resolver los problemas humanitarios”.

Sputnik te presenta los tres casos más alarmantes de noticias falsas que han sido creadas para dañar la reputación de Rusia y del Ejército sirio.

Rusia ataca hospitales y escuelas

Entre los errores cometidos por los ‘medios mainstream’ de Occidente se encuentra el uso de fuentes parcializadas y no comprobadas, que además no trabajan en el lugar de los hechos. Una de las fuentes preferidas de este tipo de los medios es el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

Esta organización tan citada por Occidente es dirigida por una sola persona, Osama Ali Suleiman, quien no vive o sufre la guerra de Siria en carne propia, sino que se encuentra en Coventry, Reino Unido.

Sin embargo, esto no impide a Suleiman publicar historias sobre lo que sucede en Siria, en las que incluyen cifras sobre el número de casualidades, sin demostrar cuál es su metodología o su manera de conseguir la información.

Al principio de la campaña de Rusia en Siria, en octubre de 2015, el OSDH citando fuentes en las filas de la oposición, acusó a la aviación rusa de bombardear deliberadamente un hospital en la provincia de Hama. La información se difundió rápidamente por cientos de medios occidentales, a pesar de no contar con pruebas de lo ocurrido.

Un mes después, el OSDH acusó a Rusia de bombardear otro hospital, esta vez en la ciudad de Sarmin, usando una foto de una construcción en ruinas como evidencia. Sin embargo, el Ministerio de Defensa de Rusia reaccionó a la acusación y con ayuda de imágenes satelitales demostró que el hospital se encontraba intacto y funcionaba con normalidad.

Esta táctica usada por el OSDH también ha sido repetida por otras organizaciones, como Amnistía Internacional. En diciembre de 2015, esta organización acusó a Rusia de atentar contra media docena de hospitales, centros de salud y escuelas en Homs, Idlib y Alepo. Las fuentes usadas eran entrevistas telefónicas con activistas de derechos humanos locales en tierra, cuya identidad o veracidad nunca fue comprobada.

Ante la insistencia del Ministerio de Defensa de Rusia de mostrar pruebas reales, estas organizaciones prefirieron callar y enfocar la atención en otro tema, esperando que el daño ya estuviese hecho.

Los ‘activistas’ locales

Otras de las fuentes preferidas por los medios occidentales son los ‘activistas’ locales. En Alepo la principal fuerza de este tipo son los Cascos Blancos, una supuesta organización de ayuda humanitaria que, como ha sido demostrado, está compuesta por muchos simpatizantes yihadistas.

En internet han aparecido con frecuencia vídeos en los que los Cascos Blancos rescatan a niños de debajo de los escombros causados por los supuestos bombardeos rusos. Pero muchos internautas han publicado grabaciones que demuestran la simulación de tales actos: los Cascos ponen maquillaje a las ‘víctimas’ y les explican qué deben decir.

 

​Periodistas independientes y personas en las redes sociales han expuestos los lazos de esta organización con grupos yihadistas, pero también con la inteligencia británica, entre otros.

 

​En ese sentido, uno de los mayores problemas de los medios en Alepo (antes de que fuera liberada) era la falta de correspondientes ‘in situ’. En el mejor de los casos, los reportes eran transmitidos desde Beirut, Líbano, o normalmente desde Londres u otros países al otro lado del mundo.

Los niños: las ‘víctimas’ número uno de Rusia

Pero tal vez la peor táctica de propaganda en Siria ha sido el uso de los niños víctimas de los ataques de Rusia.

El Twitter de la niña de Alepo es un “caso flagrante de propaganda”

Una de las historias más famosas fue la de Bana Alabed, una niña de siete años que contaba a través de su cuenta de Twitter los pormenores de vivir en Alepo, sin olvidarse, por supuesto, de pedir ayuda a la comunidad internacional contra Siria y Rusia.

Sospechosamente, los mensajes estaban escritos en un inglés perfecto. Además, la pequeña, que vivía en una región sin electricidad y bastante pobre, publicaba hasta 120 mensajes al día.

A principios de 2017, Bana y su familia se trasladaron a Turquía, donde fueron recibidas por el Gobierno y, claro, los medios.

Sin embargo, la pequeña no hablaba inglés, y era usada como una herramienta para la divulgación de propaganda.

“La chica es solamente un rostro, una herramienta utilizada por la inteligencia británica. [Hay] una fuerte relación entre la cuenta de Bana y los Cascos Blancos, que son financiados y patrocinados por el Reino Unido”, explicó a Sputnik el activista sirio Maytham al Ashkar.

Otra trágica historia fue la de Omran Daqneesh, el niño de cinco años que fue rescatado polvoriento y sangrando de un bombardeo en la ciudad siria de Alepo. Lógicamente, los medios ‘mainstream’ occidentales acusaron a Rusia del ataque.

Las imágenes causaron un gran impacto en las redes sociales y en los medios. No obstante, Moscú desmintió la información, precisando que sus aviones de la Fuerza Aeroespacial que operan en Siria nunca atacan blancos ubicados dentro de las localidades.

Usuarios en las redes sociales también demostraron las relaciones de quienes presentaron esta información a los medios con grupos terroristas.

​En resumen, se puede observar un patrón en cada una de estas acusaciones: cada vez que alguien inculpa a Rusia los medios se encargan de propagar la noticia con todas las herramientas posibles; entonces Siria o Moscú o los medios independientes demuestran la falsedad de las acusaciones, mientras que los medios se olvidan de la noticia y dirigen su atención a otra parte.

Lastimosamente, en muchos de los casos la refutación de las noticias falsas recibe mucha menos atención que las acusaciones iniciales. Esto último también hace parte de las tácticas de esta guerra mediática.

Sputniknews

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